may 11

Dolor. Tratamiento. Enfermo terminal

Dolor en el Paciente Terminal

Criterios generales sobre el uso de fármacos en el tratamiento del Dolor Oncológico

Se aconseja mantener una actitud flexible con la medicación de los Pacientes Terminales en función de:

Progresión de la enfermedad.

Resistencia a los medicamentos.

Efectos secundarios de algunos fármacos.

Las vías de administración son:

Vía oral.

Debe ser la de elección y es posible mantenerla en el 85 % de los casos, hasta los últimos días.

Vías alternativas:

Subcutánea.

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Sublingual.

Endovenosa.

Transdérmica.

En Cuidados Paliativos no se utilizará la vía intramuscular.

Medicamentos utilizados

Opioides.

Los estudios existentes están basados en pocos pacientes, pero la intensidad del dolor es el mejor argumento para su uso.

El paciente ha de tener información sobre los efectos secundarios (náuseas, vómitos, estreñimiento, hipotensión, etc.).

No existe dosis estándar.

La respuesta al fármaco es individual y se debe ajustar para cada paciente.

Se puede cambiar de un fármaco a otro, si es necesario.

El más utilizado es el Tramadol.

La morfina sería el siguiente paso.

Con la morfina existe una experiencia muy amplia.

Es el medicamento de elección en el Dolor oncológico moderado-severo.

Existen múltiples formulaciones y vías de administración.

La vía oral es la de elección.

Al inicio del tratamiento hay que añadir a veces un antiemético (contra los vómitos) y un laxante.

El techo terapéutico lo marcan la toxicidad y los efectos secundarios.

En cuanto a sus presentaciones, existen:

Comprimidos de liberación rápida.

Comprimidos de liberación lenta.

Solución acuosa.

Cápsulas de liberación gradual.

Sobres de liberación lenta.

Ampollas para uso subcutáneo.

La administración se comienza con dosis bajas que se van aumentando.

Aunque se paute cada cierto tiempo, siempre se deja una dosis extra, o de rescate, por si el paciente lo necesita.

Hay que ir evaluando la respuesta al tratamiento para poder ajustar posteriormente las dosis.

Muchos pacientes tienen periodos largos de estabilidad con dosis moderadas.

Otros necesitan ajustes continuos de dosis.

Por la noche se pueden doblar las dosis para que el paciente duerma.

Hay que permanecer atentos a la aparición de efectos secundarios y tratar éstos siempre que sea posible.

La complicación o efecto secundario más grave es la neurotoxicidad. Pueden presentarse delirium, alucinaciones o convulsiones.

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