ene 29

Hiperuricemia. Ácido Úrico. Gota. Factores de riesgo

 

Gota

Ácido Úrico. Hiperuricemia

Factores de Riesgo para desarrollar Gota

1.- Hiperuricemia.

En el capítulo anterior ya se explicaron las causas.

No se sabe por qué entre personas con ácido úrico elevado unas desarrollan Gota y otras no. Y entra las que la desarrollan, unas lo hacen relativamente pronto y otras después de trascurrir muchos años.

2.- Dieta y alcohol.imagesde

En los últimos estudios dietéticos realizados, se aprecia que el consumo elevado de carnes (sobre todo vísceras) y pescados eleva  el ácido úrico, no los vegetales y derivados (excepto la cerveza), ni la leche y los derivados lácteos.

La obesidad se asocia también como factor de riesgo a la aparición de Gota.

3.- Fármacos y tóxicos.

Se ha comprobado que las dosis bajas de ácido-acetil-salicílico, algunos diuréticos, las ciclosporinas y otros fármacos, aumentan el ácido úrico en sangre.

4.- Enfermedades asociadas:

Insuficiencia renal. En esta enfermedad renal aumenta el riesgo de Gota, porque aumenta el ácido úrico por la alteración de la función glomerular del riñón.

Alteraciones  digestivas. Ciertos tratamientos para la Gota como son los antiinflamatorios no esteroideos (AINES),  pueden provocar lesiones en el aparato digestivo.

Es frecuente la asociación entre Gota y trasplante de riñón. En las personas con un trasplante del riñón, uno de los parámetros de la sangre que posteriormente suele estar alterado va a ser al ácido úrico

También se asocian con frecuencia un Gota y algunas enfermedades cardiovasculares.

Tipos de Gota

Se considera la existencia de dos tipos de Gota: una Gota Primaria y una Gota Secundaria.

La Gota Primaria.

Va a producirse por incremento en la producción de ácido úrico por parte del organismo, o por defecto en la eliminación por el riñón, por alteración en el funcionamiento del mismo.

La Gota Secundaria.

Es aquel tipo de Gota en la que, el aumento de producción o defecto de eliminación de ácido úrico, va a estar unida a patologías que pueden ocasionarla, como puede ser: la ingesta de etanol, algunas mielopatías, la mononucleosis infecciosa, el uso de ciertos fármacos o una  enfermedad renal crónica. De estas últimas las más frecuentes van a ser la hipertensión arterial crónica, la intoxicación por plomo u otras nefropatías.

 

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