oct 8

Llanto en el Niño

 

Llanto en el Niño

Llanto en el Recién Nacido y el Lactante

El Llanto es un hecho normal, fisiológico y el único recurso que tiene el recién nacido para expresar sus emociones.

El bebé se comunica al principio de su vida únicamente mediante el Llanto  para llamar la atención de los adultos que le rodean sobre sus necesidades.

También el Llanto puede ser síntoma de que el niño tiene alguna enfermedad.

Las causas del Llanto pueden ser variadas y poco a poco los padres van a ir aprendiendo a interpretarlas.002_small

Generalmente el bebé va a llorar por:

Hambre

Este es el motivo más frecuente de Llanto en los recién nacidos y la única manera que tiene a su alcance de reclamar alimento.

Dolor

Si el niño tiene algún dolor llora, pero este llanto suele ser más ruidoso y angustioso que el motivado por hambre. En los primeros meses el dolo más frecuente suele ser el dolor abdominal por cólicos o por no haber expulsado bien el aire.

Incomodidad

Si el pañal está sucio o mojado, con el llanto reclama un cambio a algo más confortable. Durante las primeras semanas el bebé suele llorar  cuando se le desnuda, pues se encuentra desprotegido y la ropa le proporciona la sensación de protección y calor que necesita.

Sensaciones térmicas

Si la temperatura no es adecuada, igual cuando el bebé tiene frío como cuando calor o fiebre, el bebé llora para llamar la atención sobre una situación que no encuentra confortable.

Protesta

Después de algunos meses, cuando no se interpretan correctamente sus deseos el bebé llora como señal de protesta.

Angustia

Si el bebé siente miedo o quiere que le cojan en brazos y no lo hacen, el Llanto es la forma de expresar su angustia.

Aburrimiento

Los bebés son muy sociables y si están durante algún tiempo solos, suelen  llorar para reclamar compañía y que se los atienda.

El Llanto del bebé suele ser más frecuente al caer el día, entre las 6 de la tarde y las 11 de la noche.

Durante las dos primeras semanas es normal que el bebé llore unas dos horas al día. Los más llorones, hasta cuatro horas al día.

Con el paso de los meses este tiempo se va reduciendo progresivamente.

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