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Sexualidad en Personas con Síndrome de Down

Sexualidad en Personas con Síndrome de Down

Necesidades Sexuales y Afectivas

Como todas las personas, las que padecen Síndrome de Down tienen necesidades personales afectivas y sexuales.

Para buscar la normalización de estos aspectos y la integración completa de estas personas en la sociedad, es necesaribba la coordinación y formación de padres, educadores y profesionales sanitarios en las distintas materias que se les pretende impartir y que se desea que aprendan.

La Comisión Europea de Educación ha establecido la utilidad de una serie de destrezas que  van a ser necesarias en el proceso de aprendizaje de estas personas a lo largo de su vida.

Existen varias competencias al respecto, pero se van a destacar dos:

La competencia social y ciudadana.

La competencia en autoestima e iniciativa personal.

Son competencias que precisan de un aprendizaje y por tanto se van a poder mantener o modificar a lo largo de la vida de estas personas.

En este caso se reclama una capacitación específica en materia sexual para las personas con Síndrome de Down, tanto desde el punto de vista preventivo en lo que se refiere a embarazos no deseados o a enfermedades de transmisión sexual, como desde el punto de vista clínico en lo que atañe a la relación de pareja si la tienen o a posibles disfunciones sexuales.

Se puede considerar un buen objetivo en las personas con Síndrome de Down, que éstas aprendan  y distingan, lo que conviene a su dimensión afectiva y a su dimensión sexual.

Bajo un punto de vista profesional, más que tratar de anular o ignorar la Sexualidad de estas personas, se trata de buscar cauces adecuados de expresión de estos intereses para quienes los tengan y en consecuancia impartir la educación necesaria en esa materia concreta.

Habrá personas con Síndrome de Down que no manifiesten o no tengan intereses en lo que a la Sexualidad concierne, lo que es igual de respetable.

Como hemos señalado al principio, los objetivos de esta formación se tienen que llevar a cabo entre familia, educadores y sanitarios, y se deben abordar las siguientes cuestiones, cuando menos:

Cuáles son las actitudes y conductas permisibles.

Qué criterios educativos seguir.

Qué información dar y cómo darla.

Qué lugares y momentos son los adecuados.

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